Jueves. 14.12.2017
Opinión

Premio para el buen contribuyente

Nuestro sistema tributario está diseñado para combatir el fraude, la evasión y el incumplimiento fiscal mediante la aplicación de controles y sanciones. Sin embargo, otros países están incorporando medidas complementarias más amigables que buscan incentivar positivamente al buen contribuyente en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

 

Premio para el buen contribuyente

La Administración Tributaria tiene una gran cantidad de información de los contribuyentes que normalmente, salvo alguna honrosa excepción (por ejemplo, el certificado de estar al corriente de pagos para acceder a subvenciones o contrataciones) no utiliza a nuestro favor. Más bien al contrario: es usada para controlar e inspeccionar nuestros impuestos. Sin embargo, con ese exceso de información fiscal Hacienda podría distinguir y hacer una relación de obligados tributarios que no hubieran sido sancionados en cierto tiempo, o con inspecciones y comprobaciones que hayan resultado favorables, o que cumplan periódicamente y con normalidad sus obligaciones tributarias. Es lo que podríamos denominar un “buen contribuyente”.

Al igual que ocurre con el carnet de conducir, donde un “buen conductor” puede ir sumando puntos a su carnet siempre que su historial de infracciones sea intachable, el “buen contribuyente” sería recompensado con incentivos fiscales por cumplir de forma impecable, durante determinado tiempo y forma, con sus impuestos y obligaciones tributarias. El “buen contribuyente” obtendría un “premio” y fidelizaría su comportamiento. A cambio, el fisco mejoraría las tasas de cobro de impuestos y reduciría significativamente la conflictividad tributaria.

Los programas de incentivos al cumplimiento fiscal son cada vez más frecuentes en otros países, como Alemania o Argentina. Los estudios realizados, tanto desde la psicología y la sociología como desde la economía, evidencian la incidencia positiva de estos incentivos para crear un vínculo diferente entre los individuos y las normas, mejorando la voluntad de cumplirlas.

En la práctica, el reconocimiento por parte de Hacienda hacia un obligado tributario como un “buen contribuyente” implicaría para este último un trato fiscal preferente y la aplicación de determinados beneficios fiscales. El ejemplo más eficaz de incentivo mediante aplicación de beneficios fiscales, en el que el “buen contribuyente” sería recompensado en el mismo momento de realizar el pago, sería la rebaja de sus impuestos aplicando un porcentaje de descuento directo en la propia cuota del impuesto de que se trate.

Otras medidas para incentivar al “buen contribuyente” pasarían por concederle aplazamientos y/o fraccionamientos exentos de intereses o a un tipo inferior, ampliación de determinados plazos o reducción de algunos recargos.

Es preciso evolucionar en materia de cultura administrativa, tal y como se ha hecho en otros países, e implementar, o por lo menos estudiar, este tipo de medidas que, unidas al tradicional método de controles y castigos para desalentar el fraude fiscal, incentivarían y premiarían sin duda el cumplimiento de las obligaciones fiscales, y al mismo tiempo facilitarían al fisco su labor recaudatoria.

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