Lunes. 24.07.2017

Las casas rurales se preparan para un verano con la ocupación más alta de su historia

El 73% de los propietarios de una casa de turismo rural afirman que el negocio ha respondido a sus expectativas y el 70%, que volverían a abrirlo si se diera la ocasión. Estos datos, recogidos en una encuesta de la web Toprural, dan idea del grado de satisfacción que se observa en este tipo de negocio, a medio camino entre la empresa y la vocación. Si, además, las previsiones inmediatas de ocupación de Toprural, para el mes de julio que ya está aquí, son las mejores desde que tienen registros, la sensación de acierto por haber elegido esta actividad es muy real.
Las casas rurales se preparan para un verano con la ocupación más alta de su historia

El negocio del turismo rural es muy sui géneris. No son los ingresos lo que mueve a los propietarios, ya que el 40% contesta que no es rentable frente a un 44% que sí lo considera productivo. Tampoco responde a una necesidad de emprendimiento empresarial, a la vista de que supone una segunda fuente de ingresos para el 61% de los encuestados y sólo es la primera para el 35%. Son motivos de otro tipo que en Toprural resumen como “encontrar una alternativa económica para el 54% o recuperar las raíces familiares y huir de la ciudad para el 24%”. Conservar un inmueble heredado, buscar una mejor calidad de vida o dar salida a unos ahorros (casi la mitad declara que la hucha es la principal fuente de financiación) son también causas más que suficientes para dedicarse al turismo rural.

El perfil del propietario de casas rurales es muy marcado: el 60% es mujer, de entre 35 y 55 años y con estudios superiores. En una abrumadora mayoría, la casa rural en España es de alquiler íntegro, es decir, no se arrienda una parte o sólo habitaciones como ocurre, por ejemplo, en Gran Bretaña con sus famosos bed & breakfast o en otros países. Eso sí, los responsables de la casa suelen estar muy cercanos a sus huéspedes pues 7 de cada 10 residen en el mismo municipio donde tienen el negocio y de los 7, el 60% vive a menos de un kilómetro de la casa alquilada.

La actividad se ejerce por cuenta propia, de manera que los dueños la declaran como autónomos. El 41% de ellos se encargan solos de la casa y el 48% recibe ayuda de la pareja, de la familia o de ambos, sin empleados. Algo lógico si se tiene en cuenta que no se busca hacer grandes operaciones empresariales, sino tener una salida económica, puesto que la mayoría de los propietarios proceden del entorno rural próximo. El 55% son originarios de localidades con menos de 5.000 habitantes y únicamente el 14% tienen su origen en ciudades con más de 500.000 habitantes. Entre éstos últimos, abundan los que tienen alguna vinculación con la zona o el municipio donde se ubica la casa y son escasísimos los que “aterrizan” sin tener algún tipo de relación con el lugar.

Grandes retos del sector

En Toprural explican a AyE cuál es el gran reto de este tipo de negocio: la enorme dependencia de los viajeros nacionales, que son el 85% de la clientela en la Península (Baleares y Canarias reciben un porcentaje bastante mayor de extranjeros). Eso explica en buena parte lo mucho que afectó la crisis económica al sector, especialmente entre los años 2010 y 2013. En ese periodo, cerraron sus puertas 2.000 establecimientos y el resto, casi al unísono, se vio obligado a bajar sus precios.

Pero las tornas han cambiado. Desde 2014, el sector está experimentando un crecimiento de dos dígitos y desde Toprural auguran un ejercicio espléndido. “2017, a tenor de cómo se han desarrollado los cuatro primeros meses y de las previsiones para el verano, será un año muy bueno y ya son cuatro consecutivos”, afirman.

El segundo gran reto es la homogeneización. En España, las comunidades autónomas tienen competencia normativa plena sobre turismo rural y en esta materia se suelen producir grandes diferencias entre unas y otras, por ejemplo, en materia de requisitos de apertura y funcionamiento, cuantía de las subvenciones, clasificación de calidad… Las subvenciones públicas tienen una importancia de primer orden, ya que representan entre el 10% y el 30% de la inversión realizada en una casa rural.

La clasificación por categoría de las residencias rurales es un quebradero de cabeza de los más grandes para estos trabajadores. A diferencia del resto de los países europeos, donde la clasificación es la misma en todo el país, en España un viajero se puede encontrar que una casa posee una espiga por la misma razón que en la comunidad autónoma de al lado tiene un olivo. Los clientes pueden alojarse en una casa, en una posada, en un caserío… todos son establecimientos de turismo rural pero cada propietario lo denomina como quiere. “Hace unos pocos años, Turespaña propuso que hubiera una clasificación común, las estrellas verdes, pero pocas autonomías la han adoptado”, explican en Toprural.

Las casas rurales se preparan para un verano con la ocupación más alta de su historia